27 de octubre de 2009

Viendo de lejos

En la incesable carrera por encontrar nuevamente mi identidad he tropezado con tantas verdades como mentiras hay en el mundo, he recorrido lagos de profunda desesperación, desiertos desolados, bosques inhóspitos, selvas con ecos tortuosos de predadores silentes, de víboras estáticas, de cocteles venenosos, de alegrías sin sabor, de penas indoloras; es irónico pero de vez en vez el sufrimiento me causa cierta risa burlona, cierto no se qué, jajaja… no sé. Quizá este acostumbrado a hallar en la agonía un poco de paz interior, un aire de alivio, un respiro de confort; no me pasa por alto el saber que me he ido volviendo lentamente de hierro, que camino sin sentir el suelo bajo mis pies, que a todos los miro mal, incluso a aquellos que me sonríen, ¿me estoy convirtiendo en un ser insensible? Es lo que le pregunto al hombre del espejo, él solo se queda callado, no dice ni expresa nada.

Es un poco confuso pensar que meses atrás caminaba en un desierto azul desolado de caminantes, buscando entre las nubes la sucursal de un café en donde un ángel de alas heridas oía tangos con los vientos y componía odas al amor, ahora, tanto tiempo después me hallo recorriendo las calles de una ciudad atestada de viajeros que van a pie, de citadinos que salpican agua a los transeúntes; en un día nublado como estos, en una tarde lluviosa como la de hoy encontré esa sede celeste que las nubes me ocultaban, me aproxime y mire por la ventana, ella estaba allí esperándome desde siempre, me quede observándola esperando hasta el jamás, quise entrar y me quede queriendo porque para cuando me decidí ya no había lugar, la barra estaba llena, el show iba a la mitad.

Me causa bastante gracia el recordar todo lo que sufrí, las frustraciones que viví, los miedos que experimente y ver que ahora mi reflejo no dice nada, probablemente no sienta nada. No sé si sea impresión pero la paz verdadera es tan tediosa e irritante, honestamente me era más provechosa la paz del sufrimiento, al menos con ella sentía algo aunque no pasara nada, hoy todo es tan estático, tan inerte, la gente vive y yo veo como lo hacen, pero ¿cuando llegara mi turno de hacerlo? ¿Cuándo estaré contento con mi presente? No es lógico que a estas alturas me pregunte ¿qué es la felicidad? Claro que en mi vida no son lógicas muchas cosas, sin embargo es mejor pecar por sensato que por irracional.


Mientras camino por la acera hallándole una respuesta al acertijo de mi soledad, me doy el lujo de ver más allá de lo que alguna vez pude haber visto, la tranquilidad del alma trae consigo muchas cosas buenas, despeja el horizonte, descubre lo cubierto, devela lo oculto, nos deja mirar más allá de la “verdad” esa imagen falsa que creemos ver todo el tiempo, ese conjunto de mentiras elaboradas en las que la gente busca un pretexto para seguir diciendo lo que les conviene, para seguir diciendo lo que quieren, para vivir lo que nunca vivirán, para creer en todo aquello en lo que no tienen fe, para abrir los ojos y no darse cuenta que están ciegos. La tranquilidad me ha llenado de claridad, la soledad de enseñanzas inconclusas.


Y en medio de mi ignorancia hay alguien que me apunta con su mirada, me clava las pupilas en el alma, intenta hallar el código de acceso a áreas restringidas en mi interior o solo observa, no sé, no sé quien sea, no se su nombre, no se su origen, no sé que hace aquí, no sé qué hará, no sé que sabe, esta algo lejana, algo dispersa, algo difusa, me mira y no sé si es a mi o a través de mi, ¿Qué me ve? ¿Qué le atrae? Aquí, en el invierno de lo incierto, en la mentira sin causa, me atrevo a adivinar lo inescrutable, lo no esperado, lo que se sin seguridad, lo que veo como un espejismo, pero ella sigue ahí, con su voz profunda, con su tés radiante, con su sonrisa que destella flashes enceguesedores, mirarla de cerca seria una osadía, compartir su lenguaje una oportunidad, un privilegio vestido de enigma y maquillado con sones y ritmos de tierras lejanas.


Ella es bella pero solo la estoy viendo de lejos. Ella es dulce aunque no la he probado y tierna aunque no la trato y un sinfín de cosas más que podría deducir en uno de sus contoneos, que podría leer bajo la piel de sus caderas inquietas.


Ella es lo que no se decir en este momento y aunque parece que en verdad la veo, tal vez solo sea una mentira, un delirio o una fantasía… ella está allá, en la lejanía, en soledad o en compañía, no sé si en verdad es alguien, no sé si en verdad esta.

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