A veces me siento un poco torpe, no son pocos los días que llevo sin verte y aun así sigo cometiendo estupideces, es una manía casi inevitable eso de cagarla con antelación, mis errores tontos saltan en el trampolín y las ironías caen al vacio mientras se tambalean en la cuerda floja de nuestros destinos, ambos estamos jugando con nosotros mismos pero insisto en atribuirlo todo a una simple casualidad.
No es fortuita la violencia de nuestros tratos ni recíprocos los cariños que ocasionalmente nos regalamos, son tantas nuestras contradicciones que coincidimos en abrazarnos cuando ya es inútil resolverlas y es que ¿Cómo fingir si mi vocación no ha sido la del actor? ¿Cómo puedo pretender seguir sufriendo mujer? Si hasta el amor se hizo a prueba de masoquistas.
Son tantas las noches que me he dormido reconstruyendo tu imagen que ya sería inútil tratar de sacarte de mi mente y debo confesar que he trabajado tanto en eso de extrañarte que hasta en mis tiempos libres pienso en ti; hace tanto que no nos vemos que en las palabras de otras puedo oír tu voz, tu respiración, tus latidos distantes. El tiempo se encargo de abrirnos una trocha como camino y tú te hiciste la solapada para seguir mis pasos y hacerlos tuyos, copiaste mis emociones y las estudiaste en silencio, pirateaste mis sentimientos y abusas de mi debilidad.

Me atacas por las fronteras, ya pierdo estabilidad, en la trinchera de mis derrotas me refugio con inseguridad y en las madrugadas siento que entras y descansas a mi lado, quisiera besarte en la oscuridad y poder ver el brillo de tus ojos aunque permanezcan cerrados, poder sentir tu sonrisa en mis labios y saber que eres feliz, recorrer la geografía de tu boca para no confundirla cuando la vea en fotografías… quisiera poder conocerte de tantas maneras que estoy dispuesto a que me conozcas sin restricción alguna.
Te he extrañado tanto ¡tanto! Que he caído en cuenta de estas ironías locas: te busque por todos lados de una forma tan desesperada y me tope contigo al detenerme para descansar.